jueves, 4 de agosto de 2011

Otro jueves negro para las bolsas del mundo: Lima también registró su mayor caída en casi dos meses

4 de agosto de 2011

Lima: "Jueves Negro" bursátil en la Eurozona y Norteamérica, arrastró a la bolsa peruana que se desplomó en -5,56%.

El mercado de valores peruano retrocedió un 5.56% al término de sus operaciones, con lo que amplió sus pérdidas a 13.1% en lo que va del año.

La Bolsa de Valores de Lima (BVL) se desplomó un 5.5% el jueves, su mayor caída porcentual diaria en casi dos meses, golpeada por los temores sobre los problemas de deuda en la zona euro y el futuro de la economía estadounidense.

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Recuperación y destrucción del neoliberalismo


Alejandro Nadal

La maquinaria institucional e ideológica heredada de 30 años de neoliberalismo no está ahí por nada: sus objetivos son el retroceso político y mantener vivos los viejos dogmas. Esto se logra imponiendo una narrativa dominante sobre los orígenes y naturaleza de la crisis que impida pensar en caminos alternativos.

La historia que cuenta el neoliberalismo sobre su propia crisis comienza con el estallido de la burbuja en el sector inmobiliario y la diseminación de sus efectos por todo el sector financiero gracias a la bursatilización de activos tóxicos. Después viene el rescate y la recuperación. Pero esta historia es absurda porque no hay recuperación a la vista.

Lo notable es que esta narrativa termina con el principio de la pesadilla. Su culminación es el ¡retorno al neoliberalismo! Eso es absurdo: si algo sabemos es que el neoliberalismo ya no va a poder funcionar jamás. Un vistazo a la historia de las principales economías capitalistas durante los últimos tres decenios permite comprobarlo.

En los años 70 termina el periodoglorioso de acumulación rápida de capital y crecimiento del ingreso personal de los trabajadores. Ese lapso (1945-1975) se caracterizó por altas tasas de crecimiento, fuertes incrementos en productividad y fuerte inversión en capacidad productiva.

En los años 70 la tasa de ganancia se estancó y declinó durante varios años. No importa qué medida prefieran los lectores, y más allá de las polémicas sobre el significado de este movimiento en la tasa de ganancia, lo cierto es que se puede documentar sin dificultad esta declinación en la tasa de ganancia. Y a partir de ese hecho, todo cambió: para enfrentar esta caída en la rentabilidad el capital desencadenó una ofensiva de largo aliento en contra del trabajo.

El resultado de esta acometida fue el estancamiento de los salarios. El crecimiento en productividad que pudo mantenerse (y hasta acelerarse durante algunos periodos) no tuvo su contraparte en un incremento de los salarios. En la distribución de la renta, las ganancias se beneficiaron y el asalariado se llevó la peor parte. Esa redistribución mejoró las condiciones de rentabilidad en los años 1988-2002, con sus diferencias entre países y sectores.

El estancamiento en la rentabilidad durante los 70 también provocó una búsqueda de espacios de inversión financiera que pudiera darle la vuelta a ese mal necesario (como decía Marx) que es el circuito productivo. La expansión del sector financiero fue la consecuencia directa y los centros de poder a nivel nacional y supranacional se afanaron en eliminar las barreras a la circulación del capital financiero.

Uno de los rasgos más interesantes de la reproducción capitalista en los últimos decenios consiste en que mientras los salarios se estancaron, el nivel de consumo se mantuvo más o menos constante. ¿Cómo fue eso posible? La explicación se encuentra en la caída en la tasa de ahorro y en el crédito. Es decir, las familias aumentaron la parte de su ingreso que se destina al consumo y, por otra parte, incurrieron en un sobre endeudamiento crónico. El sector financiero ya las estaba esperando.

La desregulación y las innovacionesfinancieras hicieron bien su trabajo. La capitalización de títulos financieros, acciones y activos inmobiliarios, alimentó la ilusión de un aumento de riqueza virtual que pudo respaldar durante unos años el nivel de consumo de las clases medias. En Estados Unidos hasta tenemos el fenómeno de un segmento de la clase trabajadora que tuvo ingresos derivados de la rentabilidad del mercado accionario. Pero el sobre endeudamiento fue el mecanismo más importante para mantener el nivel de demanda agregada que necesita todo sistema capitalista.

En ese periodo (1980-2000) la inversión productiva mantenía tasas de crecimiento raquíticas. Es decir, la recuperación de la rentabilidad derivada de la ofensiva anti-laboral no se acompañó de un incremento en la capacidad productiva o en la introducción de una nueva plataforma tecnológica capaz de sostener una nueva fase de expansión. De las varias interpretaciones, la más cercana a la realidad se relaciona con un agotamiento de las oportunidades de inversión asociadas con altas tasas de beneficios.

Esto es lo que cierra el circuito de acumulación neoliberal en los espaciosnacionales. En el plano internacional, la famosa globalización permitió poner a competir entre sí a la fuerza de trabajo de todo el mundo. Y eso se acompañó del desmantelamiento de una parte de la capacidad industrial estadunidense al transferir las multinacionales líneas completas de producción hacia China. El proceso culminó con la consagración de Estados Unidos como consumidor en última instancia a escala mundial.

En la actualidad no existen instancias internacionales capaces de marcar un nuevo derrotero. La guerra social al interior y entre espacios nacionales, así como los desequilibrios internacionales son la señal más clara: la única recuperación posible pasa por la destrucción del neoliberalismo.


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El Cuerno de África, ¿tumba de la globalización?


Mercado.com
Sábado 30 de julio del 2011.



No se escucha mencionarlo en Occidente, Oriente o la Liga Árabe. Excepto cuando los piratas somalíes secuestran barcos mercantes. Sin embargo, como sostienen unos pocos, “salvar el Cuerno de África quiere decir salvar a buena parte del planeta



Se trata de una amplia región, bautizada así por los faraones hace más de cuatro milenios, que contiene Etiopía, Eritrea y varias “somalías”. Precisamente ellas pueden ser letales para la globalización, si sus vecinos y las propias potencias no actúan a tiempo.



En la actualidad, el Cuerno es un nodo estratégico clave para el tráfico entre el canal de Suez, el mar Rojo, el golfo de Adén, India, Indochina, China, etc. A su vez, son comunicaciones vitales para el negocio petrolero internacional. Pero la clave crítica es la perpetua guerra ¿civil? a varias puntas que no cesa en las ex Somalía británica (Berbera) e italiana (Mogadishu) y otras plazas sobre el océano Índico. Esta serie de conflictos yuxtapuestos promueve la piratería en gran escala que se desborda sobre el litoral de Eritrea, Sudán, Yemen y la mismísima Saudiarabia, potencia regional.



Tomando Somalía como conjunto étnico y musulmán, son diez a doce millones de personas arrinconadas por sequías perpetuas, guerras, hambrunas y mortandad infantil. Agregando a esas lacras la proliferación de campamentos de refugiados –en general, mujeres y niños-, el cuadro es peor que en Darfur (no lejos de ahí).



Esta emergencia humanitaria, como otros fenómenos indeseables, se agrava por efecto de la globalización misma. En realidad, salvo zonas aisladas, África toda es un baldón para el mundo, sólo comparable –en escala más pequeña-, por Haití, “sucursal” del continente negro.



La geografía de la miseria extrema es muy poco tranquilizadora. Empezando por la propia Somalía, cuyo presidente formal (Sharif Ahmed) no controla las milicias islámicas del sur, que comanda Alí as-Shabbá. Esta guerra localizada impide que lleguen a ambas partes la asistencia de Naciones Unidas, la Unión Africana o la Liga Árabe.



Ese conflicto y otros, desperdigados entre Berbera y Dyibutí, impiden frenar el éxodo de refugiados, que deja cadáveres a la vera de los caminos. Tampoco ayudan las pésimas relaciones entre la cristiana Etiopía –el mayor país del Cuerno-, los musulmanes Sudán y Eritrea y los somalíes. Peor: la tercera parte de éstos habita el Ogadén, controlado por los etíopes, y vive en mejores condiciones.



Nuevamente, entonces, “una tragedia africana demuestra que la globalización, en forma de mercados carentes de ética y regulación, puede ser la tumba de muchas ilusiones”. Así señala el sociólogo italiano Giulio Sapelli

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miércoles, 3 de agosto de 2011

Lo que hay detrás de la crisis de la Deuda en la visión del nobel Paul Krugman y Atilio Boron

No tiene eufemismos el título de la columna del premio nobel de economía Paul Krugman en el New York Times: "El Presidente se rinde".

Para los que les interese, un análisis sobre la crisis de deuda en los Estados Unidos y algo que los argentinos conocemos bien: El recorte de gasto público.

El Presidente se rinde.





por Paul Krugman




El acuerdo para elevar el techo de la deuda federal está a punto de ser aprobado. Si esto sucede, muchos comentaristas anunciarán que se ha evitado la catástrofe. Se estarán equivocando.



Porque el acuerdo en sí, según la información disponible, es una catástrofe, y no sólo para el presidente Barack Obama y su partido. El acuerdo perjudicará a una economía que ya está en recesión, probablemente agrave aún más el eterno problema del déficit norteamericano y, lo que es más importante todavía, al demostrar que la extorsión descarada funciona y no tiene costo político, arrastrará a Estados Unidos por el camino de las repúblicas bananeras.

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La crisis de la deuda lanza al yuan como moneda global


¿Será el yuan en la nueva moneda global?


03 de agosto de 2011
Con el compromiso para elevar el límite legal de endeudamiento en Estados Unidos, Washington ha evitado la cesación de pagos (o default), pero los problemas subyacentes prevalecen y la crisis económica conduce a una búsqueda global de una moneda de reservas alternativa.

Las autoridades, desde el Fondo Monetario Internacional hasta el ministro de Finanzas filipino, han advertido que el dólar podría perder su estatus como divisa de reserva mundial.

Para China, el mayor acreedor de Estados Unidos y la segunda mayor economía del mundo, la respuesta podría estar en casa

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"Súbito derrumbe en mercados del Mundo; EE.UU. se frena, Europa peor" (portada de "Ambito financiero" de argentina)

Asi cubren los prinicpales diarios del mundo la crisis financiera que hoy tiene su epicentro en EEUU. A pesar del acuerdo sobre la deuda, los mercados europeos se desplomaron demostrando que no solo se vive uan crisis financiera, sino una crisis sistemica, esturctural y profunda.


"SÚBITO DERRUMBE EN MERCADOS DEL MUNDO; EE.UU. SE FRENA, EUROPA PEOR". ÁMBITO FINANCIERO (Argentina) 3 de agosto del 2011:


Los mercados no le dan respiro a Barack Obama. Le votaron ley para evitar default, pero lo complican también datos de la economía.


El Gobierno de Barack Obama esquivó ayer el temido default de la deuda, al lograr la aprobación del Senado para elevar el límite del endeudamiento. Sin embargo, los mercados del mundo, casi en pánico, se derrumbaron. Los inversores no se mostraron muy convencidos en el mediano plazo sobre la efectividad del acuerdo logrado por demócratas y republicanos. Wall Street perdió más del 2% y acumuló en las últimas ocho sesiones una caída de casi el 7%. En Europa, las pérdidas llegaron hasta el 4%. El oro alcanzó otro récord y la tasa de interés en EE.UU. bajó al 2,62%. Los bonos del Tesoro americano y el metal precioso fueron los refugios elegidos. Más pudieron los temores sobre el estancamiento de la economía norteamericana que la votación del Congreso sobre el ánimo de los inversores que ayer conocieron más datos negativos del nivel de actividad. El lunes se difundieron signos de agotamiento de la industria en EE.UU. y ayer sorprendió la caída del consumo interno (la primera desde septiembre de 2009). Todas señales de que la economía norteamericana no da muestras de recuperación del empleo. A esto se sumaron también indicadores negativos desde Asia y Europa. Los blancos elegidos ayer por los especuladores fueron España e Italia (que hoy tendrá una reunión de emergencia con el titular del Eurogrupo de finanzas). Tanto la deuda española como la italiana fueron castigadas por los inversores y así el riesgo-país de ambos marcó niveles récord de 14 años. En el caso español, el rendimiento de los bonos a 10 años se acercó al nivel clave del 7%, en el cual otros países como Portugal e Irlanda recurrieron al salvataje de la Unión. Los bancos europeos sufrieron la principal embestida de los mercados y sobre ellos nuevamente recaen los temores de solvencia. Al mercado local pareció no llegar toda la virulencia del malhumor externo. Se destacó el comportamiento de los bonos en dólares y los cupones PBI, que lograron sortear el tsunami subiendo el 1%. Peor la pasaron los nominados en pesos con caídas de hasta el 3%. Así, el riesgo-país subió el 0,9%, a 598 puntos.

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lunes, 1 de agosto de 2011

La macroeconomía ortodoxa está acabada, pero no todos los zombies que la practican reconocen que están muertos

El siguiente texto es una conferencia dictada por Randall Wray en el simposio de la ASSA [Unión de Asociaciones de Ciencia Social, por su siglas en inglés] celebrado en Denver la semana pasada, en una mesa organizada por James Galbraith ("El paradigma económica bajo presión") y patrocinada por Economistas por la Paz y la seguridad.

Randall Wray

Como es harto sabido, la Reina preguntó a sus economistas porqué ninguno vio venir la crisis. Ni que decir tiene, la respuesta es complicada, pero parte de la misma tiene que buscarse en la evolución de la teoría económica en el período de postguerra: desde la "Edad de Keynes", pasando por la era de friedman y el regreso de la virulenta teoría económica neoclásica, hasta, finalmente, el Nuevo Consenso Monetario, con una nueva versión antikeynesiana de los ajustes ocasionales realizados por un banco central eximido de rendir cuentas a nadie ("independiente").

No podemos dejar de lado los desarrollos paralelos en la teoría financiera –con su hipótesis de los mercados financieros eficientes— y la subsiguiente desregulación y de-supervisión que llevaron a la financiarización de todo.

Pero para hacer corta una larga historia: si tu teoría dice que es imposible un colapso global, no lo verás venir. Y lo cierto es que, como ha sostenido James Galbraith en su libro El Estado predador, nadie, salvo en Chicago y en otros institutos de investigación pretendidamente superior, tomó jamás en serio el mantra del libre mercado: fuera de las torres de marfil, nunca pasó de ser ese mantra una consigna, una justificación del enriquecimiento de la minoría con poder.

Como Galbraith, yo creo también que la macroeconomía ortodoxa está acabada; lo que pasa es que no todos los zombies que la practican reconocen que están muertos. Luego del estallido de la crisis, James, Duncan Foley y yo fuimos invitados por la Universidad de Chicago a discutir en mesas redondas con una docena de Chicago boys.

Ninguno de ellos –la cosa difícilmente resultará sorprendente— se mostró dispuesto a apearse de su dogma de los mercados libres y eficientes: la crisis estaba causada por un exceso de interferencias públicas. Solución: más desregulación. Y tras tres años de crisis, quienes nunca la vieron venir dicen observar indicios de recuperación por doquiera que miran.

Sólo la academia está desnortada. Quienquiera que actuara en los mercados financieros la vio venir: en realidad, planificaron dándola por hecha, y trabajaron con denuedo para provocarla; sacarían beneficio por el camino, y aún mayor beneficio cuando llegara el colapso recogiendo ganancias en sus apuestas en los mercados de derivados financieros de impagos crediticios (CDS) y robando todas las viviendas.

Es la sociedad de propietarios de Bush, y el objetivo fue siempre transferir toda la propiedad a los de arriba por la vía de crear burbujas en serie: lo que Michael Hudson llama Burbujonia: el mayor despojo de tierras desde el movimiento de cercamiento y privatización [en la Europa de los siglos XVI-XVIII].

Pues no señor; no hay recuperación. Los bancos son más insolventes hoy –masivamente insolventes— que hace dos años. Están cocinando sus libros de contabilidad para poder pagar bonos a sus ejecutivos y remunerar a los intermediarios financieros y a los operadores de ejecuciones hipotecarias por su exitosa labor de transferir toda la riqueza a la elite.

Pero Jamie me ha pedido que hable hoy aquí sobre la situación de la teoría económica, no de la economía.

Y me voy a centrar en un zombie que nada particularmente necesitado de una estaca de madera en el corazón o de una bala de plata en la cabeza: el llamado Nuevo Consenso Monetario. Se trata de una versión actualizada del viejo pseudokeynesianismo bastardo del modelo ISLM.

La idea es que la inflación ralentiza el crecimiento, razón por la cual hay que combatirla diligentemente. La Reserva Federal mantendrá bajas la expectativas de inflación, la inflación será baja y el crecimiento, robusto.

Todos los eslabones de esta cadena de razonamiento son deliciosamente ilusorios.

Se supone que la Reserva Federal maneja las expectativas convenciendo a los mercados de que controla la inflación, y mientras controle las expectativas, controla la inflación.

Pero si no puede controlar las expectativas, no puede manejar la inflación, y todo queda en agua de borrajas. ¡Menudo alfilerillo del que prender toda la política pública!

Y en cualquier caso: ¿por qué habría de generar crecimiento robusto una inflación baja? Pues porque…, bueno, porque lo dice la Reserva Federal, a redropelo de cualquier prueba empírica.

Ahí afuera, en el mundo real, las meras expectativas no pueden gobernar ningún fenómeno económico: las expectativas de inflación sólo determinarán la inflación real si quienes de verdad pueden influir en los precios actúan sobre esas expectativas. Y la inflación por debajo del doble dígito jamás ha sido un freno al crecimiento económico.

Tomemos la situación actual a modo de ejemplo. Hemos pasado a una nueva emisión, por la Reserve Federal, de flexibilización cuantitativa (QE2), una aplicación del Nuevo Consenso Monetario (NCM).

El helicópero cargado de dólares de Ben Bernanke va a inyectar billones de dólares en la economía, supuestamente para crear expectativas de inflación a fin de contrarrestar las fuerzas deflacionarias del mundo real. Ello es que muchos extremistas políticos están esperando realmente la llegada de la inflación y corriendo como pollos sin cabeza comprando oro y disparatando sobre la hiperinflación y el colapso del dólar. Y sin embargo, de inflación, nada de nada. ¿Por qué?

Porque quienes de verdad tendrían poder para imponer precios –las grandes corporaciones empresariales y los sindicatos— no pueden crear inflación. Los trabajadores no pueden aumentar sus salarios, dado el desempleo masivo; y las empresas no pueden aumentar los precios, dadas las presiones competitivas. Así que, por fuertes que sean las ansias subjetivas de creer, nada pueden esas ansias frente a unos hechos objetivos enterquecidos.

Terminará por verse que los extremistas andan muy equivocados. La Reserva Federal no puede crear inflación. En manos del banco central está el poder para bajar el precio de las reservas –el tipo de interés interbancario a 24 horas— tan cerca de cero como quiera. También puede bajar los tipos de interés a más largo plazo sobre activos que esté dispuesto a comprar, pero eso tiene un límite práctico, superior a cero, basado en lo que Keynes llamó la regla del cuadrado.

Supuestamente, la flexibilización cuantitativa bombea dinero hacia la economía, a fin de generar gasto y crear expectativas de inflación. Pero todo lo que consigue es substituir letras del Tesoro por reservas en los libros de contabilidad bancaria, rebajando los ingresos por intereses. La flexibilización cuantitativa no funciona porque:

• (1) la reservas bancarias adicionales no permiten o no estimulan un mayor préstamo bancario;

• (2) los efectos del tipo de interés son, a lo sumo, pequeños, y quedan anegados por la furia desapalancadora del sector privado;

– La mejor estimación, basada en el estudio de la Reserva federal neoyorquina: 18 puntos básicos

• (3) las ventas de letras del Tesoro no pasan de ser una permuta financiera que reduce el vencimiento de los activos del sector privado, pero no aumenta los ingresos del sector privado; y 

• (4) dado el reducido vencimiento de los portafolios del sector privado, la reducción del ingreso por intereses podría llegar a tener efectos reales deflacionarios.
Pero todo eso ya lo sabíamos: Japón ha venido practicando la flexibilización cuantitativa durante 20 años, buscando crear expectativas de inflación y contrarrestar los vientos deflacionarios. Es interesante comparar la experiencia japonesa con la estadounidense (hasta ahora), observando la siguiente serie de tres gráficos:


Como dicen, la historia nunca se repite; pero en este caso, rima estupendamente. Sólo la locura podría llevarnos a seguir la senda japonesa y esperar resultados distintos.

Se me permitirá terminar mi crítica del Nuevo Consenso Monetario con una observación de un Galbraith, esta vez John Kenneth:

"Para frenar el desempleo y la recesión en los EEUU, así como contener el riesgo de inflación, la entidad que se precisa es la Reserva Federal (…) Durante muchos años (y los que seguirán) se ha hallado ésta bajo la dirección, desde Washington, de un presidente harto respetado (…) La institución y su máximo dirigente constituyen la respuesta autorizada tanto al auge y la inflación como a la recesión y la depresión (…) Se considera que las tranquilas medidas respaldadas por la Reserva Federal son las acciones económicas más aptas y más aceptadas. También son patentemente ineficaces. No logran lo que se supone que logran. La recesión y el desempleo o el auge y la inflación siguen su curso. He aquí nuestra forma de fraude más estimada, y si bien se mira, la más evidente."

Aun si la teoría económica "keynesiana" de la inmediata postguerra tenía muy poco que ver con Keynes, al menos guardaba cierta relación con el mundo real. Lo que pasaba por macroeconomía en el precipicio del colapso global no tenía ya nada que ver con la realidad: resulta tan pertinente para nuestra economía como la teoría de la tierra plana para la ciencia natural.

En suma: esperar que los economistas de la Reina pronostiquen la crisis sería como poner a los partidarios de la teoría de la tierra plana al frente de una nave espacial de la NASA y esperar que hagan predicciones exactas de los puntos de regreso y aterrizaje del ingenio aeroespacial. Huelga decirlo: los consejeros económicos de los presidentes Bush y Obama no podían hacerlo mejor.

Refiriéndose al trabajo de los economistas más célebres de los últimos treinta años, Lord Robert Skidelsky ha dejado dicho lo que sigue: "Raramente en la historia se han entregado mentes tan poderosas a ideas tan extravagantes". Pero no eran sólo ideas extravagantes: las ideas de los Larry Summers, Bob Rubin, Greg Mankiw, Marty Feldstein, Ben Bernanke y John Taylor de este mundo tenían, encima, mucho peligro.

Sin embargo, un economista sí consiguió acertar, y vio venir la crisis. Fue Hyman Minsky. Su teoría decía que "ello" podía repetirse: las fuerza del mercado son desestabilizadoras.

La economía salida de la II Guerra Mundial tenía un sistema financiero robusto: apenas deudas privadas, y una montaña de deuda pública sana y líquida. Varias reformas del New Deal y de la posguerra lograron estabilizar la economía: una red de bienestar que estabilizó el consumo; una estricta regulación financiera; leyes de salario mínimo y de sostén a los sindicatos; hipotecas a bajo coste y préstamos baratos a los estudiantes, etc. Y el recuerdo de la Gran Depresión, disuasorio de comportamientos económicos de riesgo.

Paulatinamente, todo fue cambiando: los recuerdos se desvanecieron, la autorregulación desplazó a las regulaciones financieras, los sindicatos perdieron poder y sostén público, la globalización trajo consigo una presión competitiva a la baja sobre los salarios, y la red de bienestar social fue deshilachándose. Además, las empresas ávidas de beneficios y las instituciones financieras tomaran cada vez más riesgos con unas finanzas cada vez más precarias. Creció la tendencia a la fragilidad. Eso "lo" hizo posible, de nuevo.

Aunque la mayoría de los que apelan a Minsky se centran en el crash, él creía que la inestabilidad principal es una tendencia hacia una euforia explosiva. Alta demanda agregada y altos beneficios ligados a un alto nivel de empleo aumentan las expectativas e incentivan cada vez más las aventuras arriesgadas basadas en compromisos y opciones de ingresos futuros que no se realizarán.

Una bola de nieve de quiebras lleva entonces a la deflación por deuda y a altos niveles de desempleo, a menos que haya mecanismos de "interrupción de circuitos" que intervengan para frenar las fuerzas de mercado. Los principales interruptores de circuitos son el Gran Banco (el banco central como prestador de último recurso) y el Gran Gobierno (los déficits presupuestarios contracíclicos).

Y hete aquí que, ay, ay, ay, ¡hemos tenido un Gran Banco y un Gran Gobierno! De consuno, el equipo formado por Benny [Bernanke] y Timmy [Geithner] han gastado, prestado o garantizado la friolera de 25 billones de dólares en nombre del Tío Sam. Y ni siquiera eso es bastante. "Ello" sigue ocurriendo.

El problema es que el grueso de eso lo ha hecho el Gran Banco Fed con el propósito de ayudar a las entidades financieras, buscando reflotar los desvalorizados activos de las mismas. La teoría en que eso se fundaba: necesitamos un capitalismo de gestores del dinero, y la única esperanza de mantenerlo pasa por hinchar otra burbuja.

No funcionará. El problema es que la financiarización no es una estrategia económica sostenible. Lo que necesitamos es, mientras antes mejor, girar hacia un anticuado New Deal keynesiano-minskyano basado en el empleo, los salarios crecientes y el consumo, especialmente consumo público, unas finanzas contenidas y disminuidas, y mayor igualdad. También hay que disminuir la política monetaria, y en cambio, la política fiscal debe desempeñar un papel mucho mayor. No pequeños ajustes ocasionales, sino una presencia positiva y permanente para contrarrestar y guiar y servir de suplemento al propósito privado.

Lo más importante: tenemos que disponer de una teoría aplicable al mundo en que realmente vivimos, no de una teoría imaginariamente representativa de agentes que asignan recursos a lo largo de una senda de consumo óptimo.

Por eso estamos encaramados a las espaldas de gigantes como Minsky: en la tradición de la ciencia económica heterodoxa.

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L. Randall Wray es uno de los analistas económicos más respetados de Estados Unidos. Colabora con el proyecto newdeal 2.0 y escribe regularmente en New Economic Perspectives. Profesor de economía en la University of Missouri-Kansas City e investigador en el "Center for Full Employment and Price Stability". Ha sido presidente de la Association for Institutionalist Thought (AFIT) y ha formado parte del comité de dirección de la Association for Evolutionary Economics (AFEE). Randall Wray ha trabajado durante mucho tiempo en el análisis de problemas de política monetaria, macroeconomía y políticas de pleno empleo. Es autor de Understanding Modern Money: The Key to Full Employment and Price Stability (Elgar, 1998) y Money and Credit in Capitalist Economies (Elgar 1990).

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EE.UU.: El comienzo del Fin



Materiales para Nuestra Posición Ante la Crisis Mundial (03)  
A continuación reenviamos un comentario del analista chileno Patricio Guzmán, en el cual aporta nuevos elementos de investigación para entender la evolución de la gran crisis económica que actualmente viene estremeciendo a EEUU y a la Eurozona. En los últimos meses se ha pretendido focalizar y reducir el problema de la crisis a los más débiles  países periféricos de Europa, agrupados en las iniciales PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España). Pero actualmente no se puede ocultar que en la segunda fase de la crisis también están envueltos Italia y EEUU, y muy pronto saldrá a la luz la situación crítica de Francia .Alemania e Inglaterra.  


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Demócratas y Republicanos alcanzaron un Acuerdo sobre el límite de la deuda de EEUU

 

WASHINGTON, 1 (Reuters/EP)

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha anunciado que los líderes de los partidos Demócrata y Republicano han alcanzado un acuerdo sobre el límite de la deuda para reducir el déficit y evitar que el país entre en suspensión de pagos.

Obama ha señalado que el acuerdo supondrá un recorte de gasto de cerca de un billón de dólares (696.000 millones de euros) en los próximos diez años.

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El Cartel de la Reserva Federal: Las Ocho Familias



Por Dean Henderson


Traducción de Luis R. Miranda


03 de junio 2011




Los cuatro jinetes del sistema bancario (Bank of America, JP Morgan Chase, Citigroup y Wells Fargo) son dueños de los cuatro jinetes del petróleo (Exxon Mobil, la holandés Royal Dutch Shell, BP Amoco y Chevron Texaco), junto con el Deutsche Bank, BNP, Barclays y otros gigantes europeos. Pero su monopolio sobre la economía mundial no se detiene ahí.

Según documentos enviados a la SEC, los Cuatro Jinetes de la Banca se encuentran entre los diez principales accionistas de casi todas las corporaciones de Fortune 500. [1]
Entonces, ¿quiénes son los accionistas de estos bancos?

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