lunes, 1 de agosto de 2011

La macroeconomía ortodoxa está acabada, pero no todos los zombies que la practican reconocen que están muertos

El siguiente texto es una conferencia dictada por Randall Wray en el simposio de la ASSA [Unión de Asociaciones de Ciencia Social, por su siglas en inglés] celebrado en Denver la semana pasada, en una mesa organizada por James Galbraith ("El paradigma económica bajo presión") y patrocinada por Economistas por la Paz y la seguridad.

Randall Wray

Como es harto sabido, la Reina preguntó a sus economistas porqué ninguno vio venir la crisis. Ni que decir tiene, la respuesta es complicada, pero parte de la misma tiene que buscarse en la evolución de la teoría económica en el período de postguerra: desde la "Edad de Keynes", pasando por la era de friedman y el regreso de la virulenta teoría económica neoclásica, hasta, finalmente, el Nuevo Consenso Monetario, con una nueva versión antikeynesiana de los ajustes ocasionales realizados por un banco central eximido de rendir cuentas a nadie ("independiente").

No podemos dejar de lado los desarrollos paralelos en la teoría financiera –con su hipótesis de los mercados financieros eficientes— y la subsiguiente desregulación y de-supervisión que llevaron a la financiarización de todo.

Pero para hacer corta una larga historia: si tu teoría dice que es imposible un colapso global, no lo verás venir. Y lo cierto es que, como ha sostenido James Galbraith en su libro El Estado predador, nadie, salvo en Chicago y en otros institutos de investigación pretendidamente superior, tomó jamás en serio el mantra del libre mercado: fuera de las torres de marfil, nunca pasó de ser ese mantra una consigna, una justificación del enriquecimiento de la minoría con poder.

Como Galbraith, yo creo también que la macroeconomía ortodoxa está acabada; lo que pasa es que no todos los zombies que la practican reconocen que están muertos. Luego del estallido de la crisis, James, Duncan Foley y yo fuimos invitados por la Universidad de Chicago a discutir en mesas redondas con una docena de Chicago boys.

Ninguno de ellos –la cosa difícilmente resultará sorprendente— se mostró dispuesto a apearse de su dogma de los mercados libres y eficientes: la crisis estaba causada por un exceso de interferencias públicas. Solución: más desregulación. Y tras tres años de crisis, quienes nunca la vieron venir dicen observar indicios de recuperación por doquiera que miran.

Sólo la academia está desnortada. Quienquiera que actuara en los mercados financieros la vio venir: en realidad, planificaron dándola por hecha, y trabajaron con denuedo para provocarla; sacarían beneficio por el camino, y aún mayor beneficio cuando llegara el colapso recogiendo ganancias en sus apuestas en los mercados de derivados financieros de impagos crediticios (CDS) y robando todas las viviendas.

Es la sociedad de propietarios de Bush, y el objetivo fue siempre transferir toda la propiedad a los de arriba por la vía de crear burbujas en serie: lo que Michael Hudson llama Burbujonia: el mayor despojo de tierras desde el movimiento de cercamiento y privatización [en la Europa de los siglos XVI-XVIII].

Pues no señor; no hay recuperación. Los bancos son más insolventes hoy –masivamente insolventes— que hace dos años. Están cocinando sus libros de contabilidad para poder pagar bonos a sus ejecutivos y remunerar a los intermediarios financieros y a los operadores de ejecuciones hipotecarias por su exitosa labor de transferir toda la riqueza a la elite.

Pero Jamie me ha pedido que hable hoy aquí sobre la situación de la teoría económica, no de la economía.

Y me voy a centrar en un zombie que nada particularmente necesitado de una estaca de madera en el corazón o de una bala de plata en la cabeza: el llamado Nuevo Consenso Monetario. Se trata de una versión actualizada del viejo pseudokeynesianismo bastardo del modelo ISLM.

La idea es que la inflación ralentiza el crecimiento, razón por la cual hay que combatirla diligentemente. La Reserva Federal mantendrá bajas la expectativas de inflación, la inflación será baja y el crecimiento, robusto.

Todos los eslabones de esta cadena de razonamiento son deliciosamente ilusorios.

Se supone que la Reserva Federal maneja las expectativas convenciendo a los mercados de que controla la inflación, y mientras controle las expectativas, controla la inflación.

Pero si no puede controlar las expectativas, no puede manejar la inflación, y todo queda en agua de borrajas. ¡Menudo alfilerillo del que prender toda la política pública!

Y en cualquier caso: ¿por qué habría de generar crecimiento robusto una inflación baja? Pues porque…, bueno, porque lo dice la Reserva Federal, a redropelo de cualquier prueba empírica.

Ahí afuera, en el mundo real, las meras expectativas no pueden gobernar ningún fenómeno económico: las expectativas de inflación sólo determinarán la inflación real si quienes de verdad pueden influir en los precios actúan sobre esas expectativas. Y la inflación por debajo del doble dígito jamás ha sido un freno al crecimiento económico.

Tomemos la situación actual a modo de ejemplo. Hemos pasado a una nueva emisión, por la Reserve Federal, de flexibilización cuantitativa (QE2), una aplicación del Nuevo Consenso Monetario (NCM).

El helicópero cargado de dólares de Ben Bernanke va a inyectar billones de dólares en la economía, supuestamente para crear expectativas de inflación a fin de contrarrestar las fuerzas deflacionarias del mundo real. Ello es que muchos extremistas políticos están esperando realmente la llegada de la inflación y corriendo como pollos sin cabeza comprando oro y disparatando sobre la hiperinflación y el colapso del dólar. Y sin embargo, de inflación, nada de nada. ¿Por qué?

Porque quienes de verdad tendrían poder para imponer precios –las grandes corporaciones empresariales y los sindicatos— no pueden crear inflación. Los trabajadores no pueden aumentar sus salarios, dado el desempleo masivo; y las empresas no pueden aumentar los precios, dadas las presiones competitivas. Así que, por fuertes que sean las ansias subjetivas de creer, nada pueden esas ansias frente a unos hechos objetivos enterquecidos.

Terminará por verse que los extremistas andan muy equivocados. La Reserva Federal no puede crear inflación. En manos del banco central está el poder para bajar el precio de las reservas –el tipo de interés interbancario a 24 horas— tan cerca de cero como quiera. También puede bajar los tipos de interés a más largo plazo sobre activos que esté dispuesto a comprar, pero eso tiene un límite práctico, superior a cero, basado en lo que Keynes llamó la regla del cuadrado.

Supuestamente, la flexibilización cuantitativa bombea dinero hacia la economía, a fin de generar gasto y crear expectativas de inflación. Pero todo lo que consigue es substituir letras del Tesoro por reservas en los libros de contabilidad bancaria, rebajando los ingresos por intereses. La flexibilización cuantitativa no funciona porque:

• (1) la reservas bancarias adicionales no permiten o no estimulan un mayor préstamo bancario;

• (2) los efectos del tipo de interés son, a lo sumo, pequeños, y quedan anegados por la furia desapalancadora del sector privado;

– La mejor estimación, basada en el estudio de la Reserva federal neoyorquina: 18 puntos básicos

• (3) las ventas de letras del Tesoro no pasan de ser una permuta financiera que reduce el vencimiento de los activos del sector privado, pero no aumenta los ingresos del sector privado; y 

• (4) dado el reducido vencimiento de los portafolios del sector privado, la reducción del ingreso por intereses podría llegar a tener efectos reales deflacionarios.
Pero todo eso ya lo sabíamos: Japón ha venido practicando la flexibilización cuantitativa durante 20 años, buscando crear expectativas de inflación y contrarrestar los vientos deflacionarios. Es interesante comparar la experiencia japonesa con la estadounidense (hasta ahora), observando la siguiente serie de tres gráficos:


Como dicen, la historia nunca se repite; pero en este caso, rima estupendamente. Sólo la locura podría llevarnos a seguir la senda japonesa y esperar resultados distintos.

Se me permitirá terminar mi crítica del Nuevo Consenso Monetario con una observación de un Galbraith, esta vez John Kenneth:

"Para frenar el desempleo y la recesión en los EEUU, así como contener el riesgo de inflación, la entidad que se precisa es la Reserva Federal (…) Durante muchos años (y los que seguirán) se ha hallado ésta bajo la dirección, desde Washington, de un presidente harto respetado (…) La institución y su máximo dirigente constituyen la respuesta autorizada tanto al auge y la inflación como a la recesión y la depresión (…) Se considera que las tranquilas medidas respaldadas por la Reserva Federal son las acciones económicas más aptas y más aceptadas. También son patentemente ineficaces. No logran lo que se supone que logran. La recesión y el desempleo o el auge y la inflación siguen su curso. He aquí nuestra forma de fraude más estimada, y si bien se mira, la más evidente."

Aun si la teoría económica "keynesiana" de la inmediata postguerra tenía muy poco que ver con Keynes, al menos guardaba cierta relación con el mundo real. Lo que pasaba por macroeconomía en el precipicio del colapso global no tenía ya nada que ver con la realidad: resulta tan pertinente para nuestra economía como la teoría de la tierra plana para la ciencia natural.

En suma: esperar que los economistas de la Reina pronostiquen la crisis sería como poner a los partidarios de la teoría de la tierra plana al frente de una nave espacial de la NASA y esperar que hagan predicciones exactas de los puntos de regreso y aterrizaje del ingenio aeroespacial. Huelga decirlo: los consejeros económicos de los presidentes Bush y Obama no podían hacerlo mejor.

Refiriéndose al trabajo de los economistas más célebres de los últimos treinta años, Lord Robert Skidelsky ha dejado dicho lo que sigue: "Raramente en la historia se han entregado mentes tan poderosas a ideas tan extravagantes". Pero no eran sólo ideas extravagantes: las ideas de los Larry Summers, Bob Rubin, Greg Mankiw, Marty Feldstein, Ben Bernanke y John Taylor de este mundo tenían, encima, mucho peligro.

Sin embargo, un economista sí consiguió acertar, y vio venir la crisis. Fue Hyman Minsky. Su teoría decía que "ello" podía repetirse: las fuerza del mercado son desestabilizadoras.

La economía salida de la II Guerra Mundial tenía un sistema financiero robusto: apenas deudas privadas, y una montaña de deuda pública sana y líquida. Varias reformas del New Deal y de la posguerra lograron estabilizar la economía: una red de bienestar que estabilizó el consumo; una estricta regulación financiera; leyes de salario mínimo y de sostén a los sindicatos; hipotecas a bajo coste y préstamos baratos a los estudiantes, etc. Y el recuerdo de la Gran Depresión, disuasorio de comportamientos económicos de riesgo.

Paulatinamente, todo fue cambiando: los recuerdos se desvanecieron, la autorregulación desplazó a las regulaciones financieras, los sindicatos perdieron poder y sostén público, la globalización trajo consigo una presión competitiva a la baja sobre los salarios, y la red de bienestar social fue deshilachándose. Además, las empresas ávidas de beneficios y las instituciones financieras tomaran cada vez más riesgos con unas finanzas cada vez más precarias. Creció la tendencia a la fragilidad. Eso "lo" hizo posible, de nuevo.

Aunque la mayoría de los que apelan a Minsky se centran en el crash, él creía que la inestabilidad principal es una tendencia hacia una euforia explosiva. Alta demanda agregada y altos beneficios ligados a un alto nivel de empleo aumentan las expectativas e incentivan cada vez más las aventuras arriesgadas basadas en compromisos y opciones de ingresos futuros que no se realizarán.

Una bola de nieve de quiebras lleva entonces a la deflación por deuda y a altos niveles de desempleo, a menos que haya mecanismos de "interrupción de circuitos" que intervengan para frenar las fuerzas de mercado. Los principales interruptores de circuitos son el Gran Banco (el banco central como prestador de último recurso) y el Gran Gobierno (los déficits presupuestarios contracíclicos).

Y hete aquí que, ay, ay, ay, ¡hemos tenido un Gran Banco y un Gran Gobierno! De consuno, el equipo formado por Benny [Bernanke] y Timmy [Geithner] han gastado, prestado o garantizado la friolera de 25 billones de dólares en nombre del Tío Sam. Y ni siquiera eso es bastante. "Ello" sigue ocurriendo.

El problema es que el grueso de eso lo ha hecho el Gran Banco Fed con el propósito de ayudar a las entidades financieras, buscando reflotar los desvalorizados activos de las mismas. La teoría en que eso se fundaba: necesitamos un capitalismo de gestores del dinero, y la única esperanza de mantenerlo pasa por hinchar otra burbuja.

No funcionará. El problema es que la financiarización no es una estrategia económica sostenible. Lo que necesitamos es, mientras antes mejor, girar hacia un anticuado New Deal keynesiano-minskyano basado en el empleo, los salarios crecientes y el consumo, especialmente consumo público, unas finanzas contenidas y disminuidas, y mayor igualdad. También hay que disminuir la política monetaria, y en cambio, la política fiscal debe desempeñar un papel mucho mayor. No pequeños ajustes ocasionales, sino una presencia positiva y permanente para contrarrestar y guiar y servir de suplemento al propósito privado.

Lo más importante: tenemos que disponer de una teoría aplicable al mundo en que realmente vivimos, no de una teoría imaginariamente representativa de agentes que asignan recursos a lo largo de una senda de consumo óptimo.

Por eso estamos encaramados a las espaldas de gigantes como Minsky: en la tradición de la ciencia económica heterodoxa.

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L. Randall Wray es uno de los analistas económicos más respetados de Estados Unidos. Colabora con el proyecto newdeal 2.0 y escribe regularmente en New Economic Perspectives. Profesor de economía en la University of Missouri-Kansas City e investigador en el "Center for Full Employment and Price Stability". Ha sido presidente de la Association for Institutionalist Thought (AFIT) y ha formado parte del comité de dirección de la Association for Evolutionary Economics (AFEE). Randall Wray ha trabajado durante mucho tiempo en el análisis de problemas de política monetaria, macroeconomía y políticas de pleno empleo. Es autor de Understanding Modern Money: The Key to Full Employment and Price Stability (Elgar, 1998) y Money and Credit in Capitalist Economies (Elgar 1990).

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EE.UU.: El comienzo del Fin



Materiales para Nuestra Posición Ante la Crisis Mundial (03)  
A continuación reenviamos un comentario del analista chileno Patricio Guzmán, en el cual aporta nuevos elementos de investigación para entender la evolución de la gran crisis económica que actualmente viene estremeciendo a EEUU y a la Eurozona. En los últimos meses se ha pretendido focalizar y reducir el problema de la crisis a los más débiles  países periféricos de Europa, agrupados en las iniciales PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España). Pero actualmente no se puede ocultar que en la segunda fase de la crisis también están envueltos Italia y EEUU, y muy pronto saldrá a la luz la situación crítica de Francia .Alemania e Inglaterra.  


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Demócratas y Republicanos alcanzaron un Acuerdo sobre el límite de la deuda de EEUU

 

WASHINGTON, 1 (Reuters/EP)

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha anunciado que los líderes de los partidos Demócrata y Republicano han alcanzado un acuerdo sobre el límite de la deuda para reducir el déficit y evitar que el país entre en suspensión de pagos.

Obama ha señalado que el acuerdo supondrá un recorte de gasto de cerca de un billón de dólares (696.000 millones de euros) en los próximos diez años.

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El Cartel de la Reserva Federal: Las Ocho Familias



Por Dean Henderson


Traducción de Luis R. Miranda


03 de junio 2011




Los cuatro jinetes del sistema bancario (Bank of America, JP Morgan Chase, Citigroup y Wells Fargo) son dueños de los cuatro jinetes del petróleo (Exxon Mobil, la holandés Royal Dutch Shell, BP Amoco y Chevron Texaco), junto con el Deutsche Bank, BNP, Barclays y otros gigantes europeos. Pero su monopolio sobre la economía mundial no se detiene ahí.

Según documentos enviados a la SEC, los Cuatro Jinetes de la Banca se encuentran entre los diez principales accionistas de casi todas las corporaciones de Fortune 500. [1]
Entonces, ¿quiénes son los accionistas de estos bancos?

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domingo, 31 de julio de 2011

Capitales Peruanos en expansión Global

Informe publicado en el diario "La República" el 10/07/2011 sobre la evolución actual de los principales grupos económicos peruanos, haciendo énfasis en la exportación de sus capitales fuera del país. 





Jugando en la cancha grande



La década que termina ha visto a los empresarios peruanos dejar las ligas locales, comprar chimpunes nuevos y entrar a jugar a la cancha de los mercados globales. Los Añaños dieron el ejemplo y los siguieron los grupos Romero, Brescia, Gloria y otros que, tras consolidarse en el país, se lanzaron al mundo. Un retrato veloz sobre esta expansión, junto con un detallado reporte de la situación de las empresas peruanas, es lo que trae la última edición de Peru: the top 10,000 companies.

Por Óscar Miranda

Botellones de Big Cola refrescando a jovenzuelos en Hanoi y Bangkok. Galletas Okebón saboreadas en placenteros lonches en Buenos Aires. Leche fresca Suiza animando desayunos en la caribeña San Juan. Cemento Melón construyendo viviendas y edificios en Santiago. Sí, lo adivinó. Cada uno de estos productos lleva, a su manera, la marca Perú en el corazón. Los responsables de que se fabriquen y lleguen a familias de Argentina, Chile, Puerto Rico o Vietnam son empresarios peruanos. Sucede que se acabaron los tiempos en los que en el Perú nos limitábamos a ver cómo las trasnacionales invadían nuestro mercado. Ahora tenemos representantes, pioneros, de lo que, con ilusión chovinista, bien podríamos llamar “la conquista del mundo por los peruanos”.

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El sub-imperialismo brasileño en Bolivia y América Latina. El poder de la corporaciones brasileñas y la explotación de los commodities.



Mathias Luce *
bolpress. Diciembre del 2010. Net-Globalización.

Hace casi cinco años, luego de la Nacionalización de los Hidrocarburos en Bolivia el Primero de Mayo de 2006, el periódico El Juguete Rabioso reveló en primera plana que Petrobras había llegado a controlar el 45,9% de las reservas probadas y probables de gas, el 39,5% del petróleo y las dos refinerías del país, y que este proceso se llevó a cabo a través de medios más que cuestionables, como por ejemplo la migración de ex gerentes de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos hacia Petrobras Bolivia. En ese momento salía a la luz pública el descubrimiento de grandes reservas en los megacampos de San Alberto y San Antonio, recién adjudicados a Petrobras. Todo eso contribuyó al surgimiento de una corriente crítica que confrontó al poder subimperialista del capitalismo brasileño. [1]

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El Grupo Luksic : Su influencia en Chile y posicionamiento en Latinoamérica


Con la reciente compra de Shell, el clan desembolsó sólo en marzo más de 1000 millones de dólares, diversificando su presencia en el mercado. Sin embargo, su influencia va más allá del ámbito económico y llega hasta las altas esferas del poder político, tal como lo demuestran los cables de Wikileaks y el encargo del gobierno de Piñera para que sea el consorcio quien desarrolle la investigación nuclear en Chile.


La compra de Shell, a través de su inversora Quiñenco, significó  614 millones de dólares que los llevará a controlar 300 estaciones de servicio y 60 tiendas, la distribución de combustibles a industriales y otros negocios afines como la venta de productos químicos y asfálticos, ubicándose como segundo actor en el mercado, al lado del grupo Angelini, dueños de Copec.
Además, el negocio incluye la participación en el 33 por ciento de los depósitos de combustibles del aeropuerto internacional Arturo Merino Benítez de Santiago y el 14,9 por ciento de Sociedad Nacional de Oleoductos.

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sábado, 30 de julio de 2011

La Nueva Era Soyuz del Espacio

El monopolio espacial ya está en manos de Rusia. Otro golpe bajo a EEUU y crisis de la NASA.


Se extienden las consecuencias de la crisis social-financiera en EEUU.









Carlos Fresneda / Agencias de Nueva York
22/07/2011


Tras el aterrizaje del Atlantis, la NASA se enfrenta por primera vez en sus 53 años de historia al 'vacío' espacial, sin un vehículo propio y dependiendo exclusivamente de su viejo rival de la Guerra Fría, al que pagará una media de 63 millones de dólares por cada astronauta que ponga en órbita.

"Empieza la era Soyuz de los vuelos tripulados al espacio, la era de fiabilidad", podía leerse el jueves en un comunicado de la agencia espacial rusa Roskosmos, concidiendo con la jubilación del 'shuttle'.

Desde Washington, el administrador de la NASA y ex piloto del transbordador espacial Charles Bolden intentaba combatir el pesimismo general brindando por el futuro: "Hemos pasado la página de una era memorable y empezamos el siguiente capítulo en la extraodinaria historia de las exploraciones de nuestra nación (...) Hoy reiteramos nuestro compromiso para seguir adelante con la misiones espaciales tripuladas y dar los pasos necesarios y difíciles para asegurar el liderazgo americano en los años venideros".

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viernes, 29 de julio de 2011

EEUU en la encrucijada: Tras el discurso de Obama se abre un nuevo capítulo en la crisis financiera



Impresionante Panel en EEUU que señala en tiempo real el incremento de la Deuda


El duscurso de Barack Obama


El mundo mira a EEUU y espera que evite un "suicidio" por deuda
Reuters(lunes 25 de julio de 2011) – 
 
SINGAPUR (Reuters) - Las autoridades financieras del mundo oscilaban el lunes entre la esperanza y la confianza en que el Congreso de Estados Unidos romperá el estancamiento político en las negociaciones por la deuda, que amenaza con una suspensión de pagos y con estremecer a los mercados globales.

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El Grupo Sura (Colombia): Los nuevos dueños de las pensiones latinoamericanas. Un Negocio Histórico.




Medellín.  La compra del negocio de seguros, pensiones y cesantías del grupo holandés ING en América Latina por el Grupo Sura encaja a la perfección en los planes de la colombiana de convertirse en un actor regional de peso.


Así lo aseguró el presidente del Grupo de Inversiones Suramericana, David Bojanini, quien se mostró satisfecho con el cierre de la negociación, que tomó más de un mes en llevarse a cabo, y asegura que ahora la compañía que dirige es líder regional del mercado de pensiones y cesantías.


¿Cuáles fueron los ases bajo la manga del Grupo Sura para que ING decidiera venderle sus activos en cinco países de la región?



Cuando se hace una transacción de esta magnitud, el valor económico juega un papel económico, pero no lo es todo. Algo que favoreció al Grupo Sura fue que los activos de ING encajaban en nuestra estrategia y en lo que hacemos: pensiones, seguros y administración de activos. También encajaba muy bien con nuestro plan de expansión geográfica porque veníamos avanzando en la región.


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