Pepe Rusiñol /07/10/2012
Cada vez que un periódico anuncia un ERE o cierra, se suceden las condolencias ante una fatalidad que generalmente se presenta casi como una "catástrofe natural": daños inevitables ante el "diluvio" de Internet.
Estos análisis, abrazados con entusiasmo por las cúpulas empresariales incapaces de enderezar el rumbo, dejan a todo el mundo muy tranquilo porque las responsabilidades se trasladan a un ente de naturaleza sobrenatural, ante el que nada puede hacerse.
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